|
 |
El aprendizaje
cooperativo del ELE: propuestas para integrar las funciones de la lengua y
las
destrezas colaborativas
ELENA LANDONE
Università degli Studi di
Milano
Dip. Scienze del linguaggio e letterature
straniere comparate
En
los años 80, la enseñanza centrada en el alumno
despertó un interés renovado en los trabajos de grupo y, siguiendo la misma
onda, el aprendizaje cooperativo empezó a difundirse en las clases. Esta
propuesta metodológica abraza la visión social y colaborativa del aprendizaje
y hace del grupo el protagonista de la didáctica. Gracias a la comunicación
que la convivencia social conlleva naturalmente, la interacción entre
estudiantes destaca como resorte específico de este enfoque didáctico y, por
ende, su aplicación en el aula de Español/Lengua Extranjera (ELE) puede
resultar interesante para estimular contextos de enseñanza comunicativos.
Ninguna novedad para muchos profesores de lengua -acostumbrados a trabajar con
parejas, grupos pequeños y grupos grandes- pero, entre las varias tipologías
de trabajo de grupo, puede merecer la pena tomar en consideración el
aprendizaje cooperativo, en cuanto se funda en unos principios muy
similares a algunos de los fundamentos del enfoque comunicativo.
Después de
esbozar los rasgos destacados del aprendizaje
cooperativo, se profundizará en el principio de la formación de las
destrezas colaborativas, para evidenciar su adhesión a la visión
pragmalingüística que subyace a la corriente comunicativa. De ahí nace esta
propuesta de integrar la enseñanza de las destrezas colaborativas en el
currículo de ELE, idea que se concretará con algunos ejemplos de actividades
con las cuales los estudiantes pueden experimentar estrategias de trabajo de
grupo aprendiendo, al mismo tiempo, funciones comunicativas importantes.
1. LOS GRUPOS
EN LA ENSEÑANZA/APRENDIZAJE DE LENGUAS EXTRANJERAS
Al tratar el lugar que ocupan las tareas en el
aula de idiomas, M. Williams y R.L. Burden afirman que los estudiantes
adquieren el idioma mediante comunicación significativa, es decir, en
el proceso de interacción, negociación y transmisión de significados en
situaciones intencionales. Dicha interacción significativa puede tener lugar
entre
dos o más estudiantes,
que desarrollan el conocimiento del sistema
lingüístico como resultado del intercambio y de la negociación de los
significados (Williams y Burden 1999: 176).
Desde luego, el trabajo de grupo es una técnica
consolidada para estimular la conversación en el aula, la cual, según las
hipótesis de los estudios interaccionistas, favorece la negociación del
significado y el acceso a un ínput comprensible. Por lo visto, un buen
grupo puede proporcionar un contexto favorable a la comunicación: la
interacción interpersonal puede facilitar el aprendizaje de la lengua
extranjera fomentando la recepción y las necesidades de comprensión,
por un lado, y, por otro, estimulando a los estudiantes a acceder a su
interlengua para producir emisiones comprensibles.
Sin embargo,
falta todavía la evidencia científica directa de la correlación entre
interacción y adquisición lingüística (Ellis, 1990: 13, 113, 125; Brown,
1991). Pese a ello, con actitud posibilista, R. Ellis apoya una solución
salomónica: en ausencia de datos definitivos de la investigación, podemos
admitir que la interacción determine (o simplemente facilite) la adquisición
(Ellis, 1990: 126). Desde luego, no parece nada desdeñable seguir dedicándose
a métodos de aprendizaje en grupo, ya sea por su notable alcance
psico-pedagógico, ya sea para tener la oportunidad de estudiarlos más.
Enlazando los estudios de
adquisición a la didáctica en el aula, se nota que todos los mejores manuales
comunicativos de español publicados durante los últimos años presentan
actividades para realizar en grupos o en parejas (Jacobs, 1997). El enfoque
comunicativo es el que, quizás, más ha aprovechado los grupos para llevar a la
práctica conceptos como "enfoque en el significado", "comunicación real",
"vacío de información" o "necesidades del alumno". M. Williams y R. L. Burden
subrayan que:
Desde que nacemos interactuamos con los demás en nuestra vida diaria y a
través de estas interacciones damos sentido al mundo. Así, podemos comenzar a
ver en el interaccionismo social un apoyo teórico muy necesario para el
enfoque comunicativo de la enseñanza de idiomas, pues en él se afirma que
aprendemos un idioma mediante el uso que hacemos de la lengua para interactuar
de manera significativa con otras personas. (Williams y Burden, 1999:48)
Como se expondrá enseguida, el aprendizaje
cooperativo es una metodología que atribuye un papel primario a la interacción
estrecha entre estudiantes en un grupo, así que, aunque no haya sido pensado
como método específico para las lenguas extranjeras, podríamos ahijarlo sin
reticencias a la familia de la enseñanza comunicativa. Como se verá, si las
dinámicas psicológicas y sociales de los individuos que forman un equipo son
el punto de partida, sus dinámicas comunicativas y de aprendizaje lingüístico
son el punto de llegada; o
sea, el estímulo de relaciones cooperativas en un grupo puede devenir fuente
de comunicación real (Landone, 2001a).
2. EL
APRENDIZAJE COOPERATIVO EN LA ENSEÑANZA/APRENDIZAJE DE LENGUAS EXTRANJERAS
El aprendizaje cooperativo
se basa en la construcción colaborativa del conocimiento y, como cabe
imaginar, es un paraguas bajo el cual se agrupan diferentes metodologías, que
van desde técnicas concretas en el aula hasta marcos de enseñanza y actitudes
conceptuales (Trujillo Sáez, 2002: 150). Se trata de un vasto movimiento
educativo que surgió en los Estados Unidos durante los años ochenta,
principalmente gracias a D. W Johnson, R. T Johnson, E. J. Holubec, S. Kagan y
M. Kagan, los cuales, a su vez, se inspiraban en los grupos de aprendizaje de
J. Dewey y en los estudios de dinámicas de grupos de K. Lewin.
Hiltz y Turoff ofrecen esta definición:
El aprendizaje cooperativo
se define como proceso de aprendizaje que enfatiza el grupo y los esfuerzos
colaborativos entre profesores y estudiantes. Destaca la participación activa
y la interacción tanto de estudiantes como profesores. El conocimiento es
visto como un constructo social, y por tanto el proceso educativo es
facilitado por la interacción, la evaluación y la cooperación entre iguales.
El aprendizaje cooperativo hace hincapié en las
relaciones interpersonales y en la experiencia colectiva como fuentes del
crecimiento social y cognitivo de los estudiantes. Para conseguirlo, propone
un acercamiento muy "estructurado" al trabajo de grupo, supliendo principios,
técnicas y tareas para organizar la actividad didáctica de grupos pequeños.
La idea central es que el grupo puede ser un
multiplicador de resortes individuales, a condición de que se piloten
intencionalmente las variables para obtener efectos determinados (Ovejero
Bernal et al., 2002). Así que lo que diferencia un trabajo de grupo
tout court
de un trabajo de grupo
cooperativo
es el nivel de control que se intenta alcanzar sobre las dinámicas del grupo
por medio de la tarea y de las "reglas" compartidas en el grupo. En otras
palabras, se trata de
ejercer control sobre lo que pasa en un grupo
para así maximizar la correlación entre las dinámicas colectivas y el
aprendizaje individual. Por eso, si un grupo, como tal, puede ser catalogado
como bastante informal (dimensión variable, ninguna formación de trabajo en
equipo, intervención casual del profesor, ninguna gestión de las ausencias,
falta de observación y auto-observación, evaluación colectiva, etc.), el grupo
cooperativo,
en cambio, es muy formal: se usan grupos pequeños de tres a seis personas, se
educa a los participantes en el uso de estrategias sociales positivas, el
profesor "interviene sin intervenir", se estimula la reflexión y la
auto-evaluación, la responsabilidad es individualizada, etc.
Mediando entre las diferentes propuestas que se
han desarrollado en el marco del aprendizaje cooperativo,
se presentan los puntos fundamentales más comúnmente acreditados y
compartidos: la interdependencia positiva, la responsabilidad individual,
la formación de las destrezas cooperativas, el clima psicológico del grupo
y la evaluación (Comoglio, 1999; Haitink y Slagter, 1996).
La
interdependencia positiva
El principio
de la cooperación consiste en la existencia de una conciencia, entre los
integrantes del grupo, de estar "enlazados" a los demás para conseguir un
objetivo, por medio de una vinculación que permite a todos alcanzar una meta
sólo si cada uno, dentro del grupo, cumple con sus tareas. La dependencia de
los miembros de un equipo es recíproca y es positiva, en cuanto se apunta a
"realizar algo" para la construcción del conocimiento y el desarrollo del
individuo. Gracias a la formación de destrezas colaborativas, en los grupos
cooperativos esta conciencia es explícita, y se lleva a la práctica con
actividades con estructuras específicas. Un ejemplo de estrategia colaborativa
para reforzar la interdependencia es la disponibilidad a ayudar: en el grupo,
todo el mundo tiene derecho a pedir ayuda a los compañeros, y todos saben que
es de interés colectivo atender la petición de ayuda de los demás. De esta
manera, los más "débiles" en algún campo se pueden beneficiar del ayuda de los
más competentes, al mismo tiempo que los más preparados pueden fortalecer sus
conocimientos verbalizando, explicando, simplificando y reorganizando lo que
saben para que llegue a ser accesible para los compañeros (Jacobs, 1988: 98).
En cuanto a las actividades, hay diferentes
"métodos" para que la interdependencia positiva sea intrínseca a su
estructura. Algunos de ellos, que desdichadamente no se pueden detallar aquí,
son: la subdivisión del trabajo, la definición de papeles en el equipo, la
repartición de los materiales o de la información, y la evaluación del
resultado final en parte colectiva y en parte individualmente (Comoglio, 1999:
37-51). Un ejemplo puede ser la actividad rompecabezas, de E. Aaronson,
que establece que cada miembro del grupo posea información que los demás no
tienen y que, sin embargo, necesitan para realizar este tipo de
tarea-rompecabezas. Típicamente, en esta actividad, se forman grupos pequeños,
se define la tarea (por ejemplo, escribir un informe) y se reparten, dentro
del grupo, las responsabilidades (por ejemplo, cada miembro va a ser experto
de un aspecto/tema del texto). Luego, se forman, temporalmente, nuevos grupos
de discusión (por ejemplo, todos los responsables de un aspecto/tema se reúnen
para investigar, discutir y profundizar el tema común). Según esta estructura,
cada estudiante se convierte en "experto", y puede entonces volver al grupo de
origen habiendo consolidado su conocimiento y, en consecuencia, habiéndose
convertido en indispensable para la calidad del trabajo final. Como se
observa, el grupo necesita el conocimiento de cada uno de sus miembros, y el
hecho de compartirlo para alcanzar un objetivo final permite anudar una
relación de tipo cooperativo (Crandall, 2000: 246).
Cabe notar que las técnicas de interdependencia
no solo empujan a los estudiantes a colaborar, sino les proporcionan un
contexto donde es necesario comunicar. En otras palabras, el principio de
"vacío" en que se basa la cooperación (en el ejemplo anterior,
experto/no-experto) conlleva un vacío de información (dominio del tema/no
dominio del tema) que nos viene muy bien en las clases comunicativas de ELE.
Responsabilidad
individual
Para evitar el
clima de exceso de responsabilidad o de renuncia a la misma que a menudo
sufren los equipos, en un grupo cooperativo cada miembro se considera
individualmente responsable de alcanzar el objetivo colectivo. Por eso, la
aportación de cada uno al grupo tiene que ser perceptible, además de tener que
ser cualitativa y cuantitativamente equivalente entre todos. Para encontrar
esta mediación entre el individualismo ("trabajo para mí") y el "grupismo"
("mi esfuerzo desaparece en el grupo"), el aprendizaje cooperativo suele
articularse como una repartición de papeles funcionales a la vida del grupo; o
sea papeles individuales que se concretan en "productos" visibles que se
evalúan al final de la tarea (como una relación escrita, un diario, una
exposición oral, etc.).
La actividad de M. Kagan, cabezas numeradas,
es un ejemplo de cómo se puede llevar a la práctica este principio de
responsabilidad individual: el profesor forma grupos, numera sus miembros y
hace una pregunta (por ejemplo, de vocabulario, de gramática, de comprensión
de un texto, etc.). Cada grupo elabora una respuesta. Luego, el profesor llama
a un número y los estudiantes a los que se les ha asignado ese número
contestan a la pregunta, basándose en la elaboración colectiva que el grupo
acaba de llevar a cabo (Crandall,
2000: 247).
Formación de
las destrezas cooperativas
Una carencia bastante común
en los grupos de aprendizaje es la falta de formación para las actividades en
equipo. No es suficiente con juntar a los
estudiantes esperando que sus experiencias previas (escolares y de vida) les
proporcionen todo lo necesario para trabajar bien en equipo. Sobre todo con
grupos duraderos, la probabilidad de interacción negativa es muy alta;
de ahí viene la importancia que el aprendizaje cooperativo atribuye a la
formación de la "competencia social" de los estudiantes.
Esta preparación apunta a que se experimenten en clase estrategias y destrezas
para hacer frente a las complejas dinámicas del grupo y para conseguir una
sinergia donde todos asumen responsabilidades de cara a los objetivos del
grupo y al aprendizaje individual.
Para un
profesor de lengua esto puede parecer un lujo; en efecto, ¿cómo se puede
recargar el ya denso currículo con estos objetivos no estrictamente
lingüísticos? En el apartado siguiente, se tratará de cómo conseguir que
"preguntar por las opiniones ajenas" o "negociar acuerdos" sean funciones
sociales que conlleven objetivos estrictamente lingüísticos (Ward y Jacobs,
1999).
Clima psicológico del grupo
(o interacción simultánea cara a cara).
En el aprendizaje
cooperativo, el grupo trabaja "cara a cara", con una
relación estrecha y a corta distancia. Por eso -y al fin de garantizar una
buena interacción comunicativa en el grupo, de intercambio de
retroalimentación, de estímulos creativos y de control autorregulador del
comportamiento- es fundamental que el grupo trabaje en un ambiente psicológico
de disponibilidad y mutuo apoyo. No sorprende que la calidad de la
relación entre personas que trabajan juntas tenga un impacto enorme sobre sus
resultados.
Evaluación
El tema de la evaluación de
un grupo es muy extenso, y aquí habrá que limitarse a subrayar que, en el
aprendizaje cooperativo, las evaluaciones durante y
al final del trabajo son imprescindibles, hasta el punto que una actividad
nunca termina con la entrega del trabajo final y la disolución del grupo sin
más. Las tipologías de evaluación son muy variadas, porque combinan la
evaluación del proceso con la evaluación de los resultados, la evaluación con
fines formativos y la evaluación con fines consuntivos, la evaluación
individual con la colectiva y la evaluación del profesor con la autoevaluación
de los estudiantes. Las combinaciones posibles dependen de los objetivos de la
tarea, pero, según el espíritu del aprendizaje cooperativo, siempre apuntan a
la máxima autonomía y responsabilización de los estudiantes mismos.
Quizás, la actividad
cooperativa para la clase de ELE que presentamos a continuación pueda
ejemplificar estos principios del aprendizaje cooperativo.
EL
CONFLICTO POSITIVO
|
Breve
descripción del objetivo de la actividad |
Esta actividad consiste en
"ritualizar" en clase un conflicto intelectual, para que los estudiantes
aprendan a gestionar una mediación de opiniones, utilizando las funciones
comunicativas y las estructuras lingüísticas adecuadas
|
|
Nivel y destinatarios |
De B1 a C2 (adaptable)
Jóvenes y adultos
|
|
Destreza que predomina |
Interacción oral (hablar y
escuchar) |
|
Material necesario |
Documentación sobre un
tema que los estudiantes consideren interesante (por ejemplo, artículos de
periódico)
Una ficha de trabajo
lingüística (véase más abajo)
|
|
Duración de la actividad
en clase
|
2 horas |
|
Objetivos comunicativos |
La función lingüística
principal que se trabaja es: Opinar y expresar opiniones (véase la
ficha de trabajo más abajo)
|
|
|
Las destrezas
colaborativas que se experimentan son Gestionar y mediar un conflicto
intelectual y Negociar una solución constructiva, de acuerdo con
el siguiente detalle:
-
escuchar y reflexionar sobre lo que dicen los
compañeros
-
aceptar diferentes puntos
de vista
-
no criticar a las
personas, sino argumentar las ideas
-
buscar los puntos
compartidos para mediar un conflicto
-
controlar el equilibrio
emotivo de la discusión
|
|
Descripción de la
actividad |
1. La semana
que precede a la actividad en clase
La semana precedente a la
tarea, el profesor elige un tema de debate y selecciona en la prensa
artículos de opinión que traten la cuestión desde puntos de vista diferentes
(lo ideal sería tener un artículo diferente cada uno o dos estudiantes). El
que vamos a tomar como ejemplo en esta actividad es La piratería
intelectual. Los foros electrónicos (por ejemplo, los de El País
Digital: http://www.elpais.es)
pueden ser un caudal de ideas. En clase, el profesor distribuye los
artículos (fotocopiados o impresos) para que cada estudiante lea uno
de ellos para la semana siguiente. Así mismo,
avisa que, tras haber leído el artículo, tienen que identificar la posición
intelectual del autor con respecto al tema tratado, apuntando las
argumentaciones que el autor aporta para apoyar su posición.
2.
Precalentamiento en clase
Para introducir el tema de
la controversia en clase, el profesor puede enseñar la secuencia de una
película donde haya una discusión colectiva. Por ejemplo, viene bien una de
las escenas de Belle Époque, donde la familia reunida, comiendo,
discuta. Se comentan, luego, aspectos de la escena como: ¿los personajes
están enfadados? ¿qué tono de la voz usan? ¿se escuchan el uno al otro? ¿se
interrumpen? Estas reflexiones culturales apuntan a sensibilizar los
estudiantes sobre cómo una persona de otra cultura interpreta una discusión
entre españoles y qué nivel de "violencia" percibe del contexto.
Luego, se introduce la
actividad, comentando el hecho de que los conflictos no son necesariamente
negativos, pero hay que aprender a enfrentarse a ellos de
manera constructiva: por ejemplo, pueden ser la
ocasión para consolidar las relaciones o para aumentar nuestra comprensión
intelectual. Hablar y discutir son medios normales para intercambiar ideas
con los demás y para resolver conflictos, pero necesitamos algunas
destrezas colaborativas y algunas herramientas lingüísticas que vamos a
experimentar con esta actividad.
3. La
explicación de la actividad
El profesor divide la
clase en grupos y les asigna un punto de vista diferente: por ejemplo, grupo
en pro de la piratería intelectual, grupo en contra de la piratería,
grupo en pro de la duplicación musical por
internet pero no de otros materiales,
etc. Cada grupo tiene que elaborar la posición asignada, a partir de la
información del artículo que cada integrante habrá leído previamente (véase
el punto 1: La semana que precede a la actividad en clase). Luego, el
profesor lanza una cuestión espinosa (por ejemplo: el coste de los
CD-Roms es muy elevado así que todo el mundo los duplica, por esta razón los
fabricantes tienen que subir los precios: ¿cómo se soluciona el círculo
vicioso?) y cada grupo elabora posibles respuestas pensando en
estrategias para defenderse en un debate. Luego, con la técnica de
cabezas numeradas (véase el párrafo 2), un miembro de cada grupo sale a
discutir públicamente la cuestión propuesta y, al cabo de una sesión de
discusión de dos o tres minutos, el profesor interrumpe el debate, deja a
cada grupo el tiempo suficiente para reflexionar sobre la evolución del
debate y vuelve a llamar otra "cabeza" para seguir la controversia. El
objetivo es llegar a una solución que todos los grupos compartan. A
continuación, se detallan los pasos de la actividad.
4. Los pasos
para la realización de la actividad
Se divide la clase en
grupos de cinco o seis personas, heterogéneas en cuanto a nivel de español.
Se numeran las cabezas. Se asigna a cada grupo una posición intelectual
diferente sobre el tema del debate.
Se explica la
actividad, se introduce el concepto de "conflicto
positivo" y se explican las destrezas colaborativas y las correspondientes
funciones lingüísticas (véase la ficha de trabajo). El profesor entrega la
ficha de trabajo a cada miembro del grupo.
El profesor propone un tema suficientemente
controvertido.
Los grupos
tienen diez minutos para elaborar su argumentación y una estrategia de
mediación que implique la menor renuncia posible de su punto de vista.
El profesor llama un número, o sea una
"cabeza". La persona sale del grupo.
Las
‘cabezas’ se juntan y debaten, en voz alta, de manera que los grupos oigan
su intervención.
El profesor observa y apunta las infracciones y
las intervenciones exitosas para la mediación (véase más abajo).
Al cabo de dos o tres minutos, el profesor
interrumpe el debate. Cada "cabeza" regresa a su grupo.
Los grupos
disponen de cinco minutos para comentar el debate y para pensar en
estrategias nuevas.
El profesor vuelve a
llamar un número, y el debate sigue de esta manera hasta que los grupos
encuentren una solución.
Evaluación final del
debate (véase "Reflexión y evaluación", más abajo).
Se consideran infracciones
ligeras:
-
cuando, la persona, en su
turno de habla, no contesta y queda un mínimo de 30 segundos en silencio
-
cuando una persona del
grupo, que no ha sido llamada como "cabeza" a debatir públicamente,
interviene en el debate
-
cuando la persona expresa
una argumentación incongruente con lo que dice un compañero durante el
debate
Se consideran infracciones
graves:
-
insultar
-
acusar al
compañero de decir mentiras
-
negar, sin
argumentar, la afirmación del compañero
Se consideran como éxitos
de mediación:
-
la elaboración del punto
de vista de un compañero
-
la presentación de una
propuesta que conlleve ventajas colectivas
-
la inclusión de una
argumentación original
-
el uso de más de dos
funciones comunicativas diferentes en el mismo
turno de debate
-
el encuentro
de una solución compartida por todos
|
|
Reflexión y evaluación |
Al final de
la sesión, hay que dedicar unos quince minutos a la evaluación del debate.
El profesor entrega a cada grupo la lista de las infracciones y de los
éxitos de mediación. Cada grupo los comenta internamente.
El profesor
es un árbitro contestable, desde luego, así que, después de comentarlas
entre sí, cada grupo tiene la oportunidad de replicar las decisiones del
árbitro. Con esta puesta en común, cada grupo se siente directamente
implicado y tiene la ocasión para reflexionar sobre lo que ha pasado.
|
|
Agrupamiento y el espacio
del aula |
Los grupos
se juntan en áreas diferentes del aula, en el perímetro de la misma de
manera que quede libre un espacio central. Los estudiantes se sientan en
círculo, uno al lado del otro, de manera que todos puedan mirarse a la cara.
El área central es el espacio de la controversia, y hay que colocar en él
una silla para cada grupo. Cuando se llame a una "cabeza", el estudiante se
sentará en esta área central, respaldado por su equipo.
|
|
Interdependencia positiva |
La
interdependencia positiva de esta actividad reside en el hecho de que cada
estudiante, antes de ir a clase, ha leído un artículo diferente del
compañero y puede, por consiguiente, aportar al grupo argumentaciones que
los demás desconocen.
Además, para
que la persona llamada como "cabeza" pueda defender convenientemente la
posición del grupo, es necesario compartir la mayor información posible,
según el mecanismo típico de cabezas numeradas.
|
|
Responsabilidad individual |
Durante el
debate, las personas que salen como representantes del grupo se sienten
responsables individualmente por las infracciones, así como por el empleo de
estrategias positivas. En otras palabras, dan la cara.
|
|
Clima positivo en el grupo |
El objetivo
de la actividad es positivo (encontrar una mediación), y no competitivo
(imponer la propia opinión). El clima es colaborativo y llega enseguida a
ser lúdico.
|
FICHA
DE TRABAJO
|
QUÉ HAY QUE HACER:
DESTREZAS COLABORATIVAS
|
CÓMO LO PUEDES DECIR:
FUNCIONES LINGÜÍSTICAS ÚTILES |
|
Escuchar y reflexionar
sobre lo que dicen los compañeros
|
Identificar la posición
del otro:
A ver, intenta explicar tu
punto de vista...
Si he entendido bien, tu
punto de vista es que...
Pedir aclaraciones:
¿Qué entiendes
exactamente?
¿En otras palabras?
¿Por qué piensas que...?
|
|
Aceptar diferentes puntos
de vista |
Hacer propuestas:
¿Por qué no... +
propuesta...?
¿Qué tal si... +
propuesta...?
Expresar acuerdo:
Efectivamente
Sí, es verdad
(Estoy) de acuerdo
|
|
No criticar a las
personas, sino argumentar las ideas
|
Expresar opiniones:
En mi opinión...
Según mi punto de vista...
(Yo) Pienso que... +
indicativo // (yo) no pienso que... + subjuntivo
Acompañar las opiniones
con justificaciones:
Creo que... + indicativo +
porque... // No creo que... + subjuntivo + porque...
Expresar desacuerdo:
No estoy completamente de
acuerdo contigo porque...
Bueno, según se mire //
Depende // Posiblemente
Frase de acuerdo +
pero/sin embargo... (por ejemplo: La propuesta no está mal, pero hay que
tener en cuenta que...)
|
|
Buscar los puntos
compartidos para mediar un conflicto
|
Preguntar por las
opiniones ajenas con la intención de confirmar un acuerdo:
Así que + conclusión +
¿no?
¿Estarías de acuerdo en +
propuesta-conclusión?
Ponerse de acuerdo,
sintetizando diferentes ideas/puntos de vista:
Para resumir, estamos
todos de acuerdo en que...
En resumidas cuentas, lo
más importante es que...
|
|
Controlar el equilibrio
emotivo de la discusión |
Contener la emoción del
interlocutor:
Me doy cuenta de que...
Entiendo muy bien que...
Minimizar la "gravedad" de
la situación:
Entre todos estos
aspectos, ¿cuál consideras más importante?
|
Como se habrá notado en
este ejemplo de actividad, no es nada fácil de poner en práctica el
aprendizaje cooperativo, sobre todo porque es importante no
infravalorar ninguno de sus principios. Sin embargo, a partir de campos como
el de la escritura colaborativa
y el de los intercambios tándem por internet,
su aplicación para la enseñanza de las lenguas extranjeras va creciendo. Este
interés se debe probablemente al hecho de que, entre las aportaciones que los
expertos comúnmente le reconocen,
hay algunas que atañen propiamente la enseñanza lingüística (Crandall, 2000:
252-253), es decir:
-
estimula la interacción
comunicativa y crea oportunidades "reales" de escuchar y hablar;
-
la
interdependencia positiva aumenta las situaciones de negociación del
significado, así como las posibilidades de negociar ínput y output
comprensibles;
-
proporciona el contexto para
desarrollar una gran variedad de funciones lingüísticas;
-
estimula actitudes
pro-sociales que tienen notable envergadura cultural.
Quizás sea la naturaleza, al
mismo tiempo individual y social, del comunicar lo
que justifique concretamente la introducción del aprendizaje
cooperativo en el aula de lengua extranjera. Con palabras de M. Williams y R.
L. Burden: Es fundamental que todos los profesores de idiomas comprendan
los factores sociales que contribuyen a la creciente habilidad con que
utilizamos la lengua, y añaden:
El
lenguaje, al fin y al cabo, pertenece a toda la esencia social de la persona;
es una parte de su identidad y se utiliza para transmitir esta identidad a
otras personas. El aprendizaje de un idioma implica mucho más que el simple
aprendizaje de destrezas o de un sistema de normas o de una gramática; implica
una alteración de la auto-imagen, la adopción de nuevas conductas sociales y
culturales y de nuevas formas de ser, por lo que produce un impacto importante
en la naturaleza social del alumno (Williams y Burden, 1999: 12, 123).
Es por eso por lo que, en el párrafo que sigue,
se esboza la posibilidad de concebir un currículo de enseñanza
de ELE que abarque los aspectos formales y funcionales de la lengua desde una
perspectiva de desarrollo de las destrezas colaborativas.
3. LA "LENGUA
EN ACCIÓN" Y LAS DESTREZAS COLABORATIVAS
¿Por qué los estudiantes
tienen que emplear la mayoría de su tiempo en clase
en actividades individuales, si luego el contexto social externo suele
ponerles a prueba en situaciones colectivas? Cualquier tarea que llevemos a
cabo en nuestra vida suele enmarcarse en un entorno social;
es más, normalmente necesitamos a los demás -para complementarnos y
colaborar- y justamente la lengua es el instrumento de mediación para estas
relaciones vitales. Citando a G. Jacobs y K. Kline Liu, retomamos el principio
del aprendizaje cooperativo que anteriormente denominamos "Formación de las
destrezas cooperativas":
...ayudar a los estudiantes a aprender y a
practicar las destrezas colaborativas no es una distracción de la enseñanza de
la lengua. Todo lo contrario, la lengua necesaria para
usar estas destrezas implica funciones lingüísticas básicas (como saludar,
pedir información, disculparse) que los estudiantes necesitarán en las muchas
formas de interactuar con los demás (Jacobs y Kline Liu, 1996).
Efectivamente, como se
constata en la enumeración siguiente, las
macro-áreas de las destrezas colaborativas de un grupo
abarcan en buena medida la comunicación
diaria:
-
coordinar las actividades:
formar un grupo, resolver los problemas y tomar las decisiones;
-
mediar y gestionar los
conflictos;
-
gestionar los flujos de
comunicación;
-
mantener relaciones
interpersonales positivas;
-
ayudar y estimular
intelectualmente a los compañeros;
-
reflexionar y hablar sobre
el trabajo del grupo;
-
expresar la personalidad en
el grupo.
Entendido así, ayudar a los estudiantes a
practicar las destrezas colaborativas en el aula puede ser congruente con los
objetivos de enseñanza del ELE, precisamente porque estas destrezas se
expresan por medio de las funciones lingüísticas de nuestros currículos
comunicativos. Y es natural que la lengua para practicar destrezas
colaborativas en la clase conlleve muchas funciones -como justificar una
opinión, dar las gracias, expresar sentimientos, etc.- y
muchas formas lingüísticas -por ejemplo, el uso del imperativo, de los
adjetivos en una descripción, de las subordinadas en formas indirectas, etc.
(Jacobs y Kline Liu, 1996). Traduciendo:
Los muchos paralelismos
entre las funciones lingüísticas y las destrezas de los grupos cooperativos
sugieren que el aprendizaje cooperativo puede proporcionar el fundamento para
un currículo comunicativo. Facilitando a los estudiantes las oportunidades
para desarrollar destrezas de grupo específicas, podemos fijar la atención en
las funciones lingüísticas correspondientes (Coelho, 1992: 39, citado
por Jacobs y Kline Liu, 1996).
Dicho de otra manera,
aprendiendo a colaborar, se aprende español. Y, al fin y al cabo, es solamente
otra forma de ver la concepción -desarrollada por la pragmática- de la lengua
como acción social: Un idioma es un sistema de actuación social: hablar un
idioma es, pues, actuar con él (Matte Bon, 1998: IX).
Para dar un paso hacia la
práctica del aula, se propone un ejemplo de paralelismo entre las destrezas de
la macro-área "Mantener relaciones interpersonales positivas" y las
funciones lingüísticas que la podrían acompañar.
|
MACRO-ÁREA DE DESTREZAS
COLABORATIVAS:
MANTENER RELACIONES
INTERPERSONALES POSITIVAS |
|
Algunos ejemplos de las
destrezas colaborativas que forman parte de esta
macro-área
|
Algunos ejemplos de
funciones lingüísticas útiles para expresar las destrezas colaborativas
mencionadas |
|
|
Saludar y presentarse.
Despedirse
|
|
Recordar el nombre de los
compañeros
|
Preguntar por el nombre de
los compañeros |
|
Estimular la participación
de todo el mundo
|
Llamar educadamente la
atención de otra persona |
|
Compartir momentos de
socialización y simpatizar
|
Invitar. Aceptar una
invitación |
|
Agradecer
|
Agradecer |
|
Respetar a los compañeros
|
Pedir disculpas |
|
Interesarse por los demás |
Informarse sobre el estado
de salud de otra persona
|
|
Hacer cumplidos
|
Expresar sentimientos de
afecto, gratitud, satisfacción
|
|
Crear un clima positivo de
trabajo |
Utilizar actos verbales
indirectos para suavizar las peticiones o para modular la expresión de
opiniones
|
|
Aspectos no verbales:
-
Sonreír
-
Respetar los diferentes
códigos culturales en el contacto físico
|
Resumiendo,
la posible integración de las destrezas colaborativas y de las funciones
lingüísticas parece un punto fuerte del uso del aprendizaje cooperativo en el
aula de ELE. Sin embargo, ya se ha dicho que esta metodología es bastante
compleja y que su eficacia depende completamente de una correcta práctica en
el aula. Lo aconsejable sería empezar poquito a poco; si no, se corre el
riesgo de meter a los estudiantes en una forma de trabajo nueva y difícil, que
requiere mucho esfuerzo para coordinar objetivos a la vez
cognitivos/procesuales, sociales y lingüísticos.
Un punto de partida pueden
ser ejercicios cortos para experimentar una destreza colaborativa específica.
Los estudiantes irán interiorizando destrezas (y lengua), y de ahí pueden,
luego, pasar a actividades cooperativas con estructuras más completas. Se
presentan algunas propuestas.
4. PROPUESTAS
PARA EL AULA: RECETAS RÁPIDAS PARA EMPEZAR
Las cuatro actividades que
se presentan
han de entenderse más como "entrenamiento" para la enseñanza/aprendizaje de
las destrezas colaborativas que como actividades cooperativas completas. Por
ejemplo, se pueden utilizar como rompehielos o como precalentamiento de unos
diez minutos, antes de empezar la clase, pero es importante subrayar que, a
pesar de su sencillez aparente, no hay que entenderlas como "rellena-huecos".
Es desaconsejable utilizarlas sin un recorrido de empleo de una metodología de
trabajo de grupo en plan estable; en cambio, proponerlas en clase con
regularidad y enmarcarlas en un contexto oportuno ayuda a evitar que los
estudiantes las vivan como no pertinentes a la clase
o, incluso, como molestas (Rinvolucri, 2000: 217). Además, cabe notar que,
excepto una, todas incluyen el cuerpo y el movimiento y que rompen el espacio
tradicional del aula para aprovechar las potencialidades de lo físico y
de lo kinésico en el aprendizaje.
LA GINCANA
|
|
Nivel: A1 o A2 (adaptable)
Tiempo necesario: 15
minutos
Destreza colaborativa:
esta actividad es útil para mejorar o restablecer la confianza mutua.
Se trata de una destreza básica para luego trabajar el concepto de
interdependencia positiva
|
|
1. Explicar la destreza
colaborativa que se va a experimentar |
La confianza en un grupo
es fundamental para desarrollar una actitud positiva hacia los demás y para
ser conscientes de que las aportaciones de todo el mundo son necesarias y
fundamentales para el grupo
|
|
2. Dar un ejemplo concreto
de situación en que la destreza colaborativa puede ser útil |
Se pide a los estudiantes
que aporten ejemplos de situaciones en las cuales han experimentado
desconfianza: ¿os ha pasado alguna vez que un compañero de grupo no se haya
presentado a clase sin avisar?
|
|
3. Explicar el ejercicio |
Se forman parejas y a una de las personas se le
tapan los ojos con una venda
La persona sin venda conduce, en silencio, al/a
la compañero/a a través de unos obstáculos, poniéndole las manos en el hombro
Luego, se
intercambian los papeles
|
|
4. Sugerir eventuales
herramientas lingüísticas necesarias |
La versión
que presentamos es no verbal y es útil para establecer un contacto físico no
demasiado comprometido. En la versión verbal, con o sin contacto físico, se
puede utilizar la función lingüística de dar órdenes o de dar
instrucciones para un recorrido
|
|
5. El profesor |
El profesor, mientras las
parejas se mueven lentamente en aula, irá cambiando la posición de los
obstáculos, que pueden ser pupitres, sillas,
mochilas, paraguas u objetos que haya traído a clase para esta actividad
|
|
|
Cuando se termina, cada
uno comenta qué impresión le causó ser conducido y conducir, y si iba
confiado o desconfiado.
Para estimular más los
comentarios, se puede preguntar también: ¿qué se puede hacer para mejorar
nuestra confianza en los demás?, ¿qué podemos hacer para que los demás
tengan más confianza en nosotros?
|
EL CÍRCULO
|
|
Nivel: A2
Tiempo necesario: 15
minutos
Destrezas colaborativas: aprender
los nombres y conocerse
|
|
1. Explicar la destreza
colaborativa que se va a experimentar |
Cuando se forma un grupo,
el primer paso para establecer una buena atmósfera es conocerse y llegar
enseguida a no sentirse ajenos. Aprender el nombre de los compañeros e
interesarse a ellos es una manera para empezar a consolidar el grupo.
|
|
2. Dar un ejemplo concreto
de situación en que la destreza colaborativa puede ser útil |
Se pide a los estudiantes
en que situación han experimentado un sentimiento de despersonalización: ¿os
ha pasado alguna vez que os hayan llamado con el nombre equivocado? ¿y que
un amigo se haya olvidado de presentaros a los demás en una fiesta?
|
|
3. Explicar el ejercicio |
Se forma un grupo grande y los estudiantes se
disponen en círculo mirando hacia dentro (si el número es impar, participa
el profesor también)
Cada uno se vuelve hacia
el vecino, de manera que se formen parejas enfrentadas
Cada uno tiene dos minutos
para descubrir lo más posible sobre el compañero. Puede preguntar lo que
quiera
Al acabar el tiempo, cada uno da una vuelta de
180 grados y da la cara al compañero del otro lado (y la espalda al primero)
Cada uno le cuenta al
nuevo compañero todo lo que recuerda del primero
|
|
4. Sugerir eventuales
herramientas lingüísticas necesarias |
Funciones lingüísticas
útiles: Pedir y decir el nombre y Pedir y dar informaciones
personales.
|
|
5. El profesor |
El profesor observa sin
intervenir
|
|
6. Comentar lo sucedido y
estimular a los estudiantes a imaginar cuándo pueden volver a usar la
destreza experimentada |
Al acabar, se vuelve a
formar el círculo y, sentados, cada uno cuenta todo lo que sabe de todos los
compañeros, es decir: del primero con que haya hablado y, también, lo que le
ha contado el segundo sobre otro compañero
|
LA PIEL DEL OTRO
|
|
Nivel: B1
Tiempo necesario: 15
minutos
Destrezas colaborativas:
Entender un punto de vista ajeno
|
|
1. Explicar la destreza
colaborativa que se va a experimentar |
No es fácil
entender a los demás, pero, esforzarse en meterse en la piel del otro ayuda
enormemente a entendernos mejor y a evitar problemas de comunicación y
conflictos
|
|
2. Dar un ejemplo concreto
de situación en que la destreza colaborativa puede ser útil |
Se pide a
los estudiantes que cuenten algún malentendido que hayan sufrido: ¿os ha
pasado alguna vez que vuestro novio/a os haya echado la bronca por llegar en
justificable retraso?
|
|
3. Explicar el ejercicio |
Se forman
parejas
Una persona
realiza la secuencia de acciones que hizo, por ejemplo,
el
día anterior para ir de su casa a clase
El compañero
le imita como si fuera un espejo, procurando hacerlo con precisión
Luego se
invierten los papeles.
|
|
4. Sugerir eventuales
herramientas lingüísticas necesarias |
Hablar de acciones del pasado
y Expresar estados psicofísicos son funciones que se ajustan a los
contenidos de esta secuencia
|
|
5. El profesor |
El profesor
observa sin intervenir
|
|
6. Comentar lo sucedido y
estimular a los estudiantes a imaginar cuándo pueden volver a usar la
destreza experimentada |
Al terminar,
cada pareja cuenta a otra lo que ha hecho el compañero el día anterior,
explicando los sentimientos que cree que ha sentido su compañero. Luego,
cada uno comenta al grupo si considera que ha expresado suficientemente bien
propia situación emotiva del día anterior y si el compañero lo ha entendido
correctamente.
|
LA TIERRA ES REDONDA
|
|
Nivel: A2
Tiempo necesario: 15
minutos
Destrezas colaborativas:
Buscar puntos de acuerdo
|
|
1. Explicar la destreza
colaborativa que se va a experimentar |
Uno de los
procesos más difíciles en un grupo es tomar decisiones. Estar todos de
acuerdo en qué hacer no es fácil, tanto que la mayoría de los conflictos
nacen precisamente de los procesos de decisiones (Landone, 2001c). Con esta
actividad se ejercita la destreza de determinar las ideas en que todo el
mundo concuerda.
|
|
2. Dar un ejemplo concreto
de situación en que la destreza colaborativa puede ser útil |
|
|
3. Explicar el ejercicio |
Se forman grupos de más o
menos ocho personas
En diez minutos, cada
grupo tiene que apuntar en un papel el mayor número posible de afirmaciones
en que todo el mundo esté de acuerdo. Por ejemplo: la tierra es redonda,
los animales son adorables, la política es aburrida, etc.Al
acabar los diez minutos, se leen las listas y gana el grupo que tiene más
afirmaciones apuntadas
|
|
4. Sugerir eventuales
herramientas lingüísticas necesarias |
Una función lingüística
muy necesaria es Expresar acuerdo y desacuerdo
|
|
5. El profesor |
El profesor observa sin
intervenir
|
|
6. Comentar
lo sucedido y estimular a los estudiantes a imaginar cuándo pueden volver a
usar la destreza experimentada |
Se comentan
colectivamente las cuestiones en que los grupos no han conseguido concordar,
y también si alguien siente que no ha tenido la oportunidad de expresar su
desacuerdo sobre algún punto de la lista.
|
Cada profesor puede acomodar actividades de este
tipo para su clase, adaptándolas a las características de los grupos
con que esté trabajando,
así como a las destrezas específicas que quiere desarrollar.
Antes de concluir, hay que mencionar un par de
reflexiones. La primera atañe a la sensibilidad que requiere trabajar con
actividades que, de una manera u otra, pueden incidir sobre la dimensión
afectiva de los estudiantes. El "problema ético" es común a todo enfoque
humanístico, en tanto que el profesor de lengua puede no sentirse cualificado
para manejar técnicas "peligrosas" debido a su alcance emotivo (Rinvolucri,
2000: 225). Sin embargo,
quizás la variedad de las destrezas colaborativas que se pueden introducir en
la clase de ELE permite que cada profesor elija el campo en el que se siente
más seguro y capacitado.
La segunda es si posible
"enseñar" las destrezas colaborativas y si, efectivamente, se puede "aprender"
a trabajar bien con los demás. Por lo visto, conseguir que las personas
cambien su actitud hacia el trabajo de grupo y, con ello, sus costumbres
cognitivas y sociales, es un objetivo a largo plazo. Suele pasar muy a menudo
que el profesor explique una destreza, el grupo la utilice los primeros diez
minutos, para luego volver rápidamente a los comportamientos acostumbrados.
Posiblemente, las destrezas colaborativas se pueden aprender, pero
quizás no se puedan enseñar, así que el papel del profesor no puede ser
otro que el de mostrarlas, de crear contextos para
experimentarlas y de reforzarlas para que se interioricen. Y a partir de ahí
la labor crucial es toda del estudiante. Al fin y al cabo, una destreza es un
comportamiento de adaptación a un contexto de vida y, para el estudiante, es
una herramienta que hay que saber emplear críticamente, según el contexto y
según los estilos cognitivo y afectivo que le son propios.
Aunque se trate de una metodología bastante
difícil, el aprendizaje cooperativo parece tener buenas perspectivas en la
enseñanza del ELE. Ojalá estas propuestas puedan ser sugerentes para empezar a
introducirlas en clase como fuente de actividades comunicativas o como medio
para mejorar el clima de las clases
"difíciles". Sin duda, se trata de un enfoque motivador que, además de
desarrollar factores afectivos –como la reducción de la ansiedad o el estímulo
de la autoestima- tiene una convergencia de finalidades con la
enseñanza/aprendizaje de idiomas (Crandall, 2000:2 44).
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
Bredehoft, D. J. (1991):
"Cooperative Controversies in the Classroom", en Teaching, 39, 3,
Summer, págs. 122-125.
Brown, R. (1991): "Group
Work, Task Difference, and Second Language Acquisition", en Applied
Linguistics, 12, 1, págs. 1-12.
Cassany, D. (1999):
Construir la escritura. Paidós, Barcelona.
Chang, K. Y. R., Smith, W.
F. (1991): "Cooperative Learning and CALL/IVD in Beginning Spanish: An
Experiment", en Modern Language Journal, 75, págs. 205-211.
Chapelle, C. (1998):
"Analysis of Interaction Sequences in Computer-Assisted Language Learning", en
TESOL Quartely, 32, 4, págs. 753-757.
Clément, R., Dörnyei, Z., Noeles, K. A. (1994):
"Motivation, Self-Confidence, and Group Cohesion in Foreign Language
Classroom", en
Language Learning,
44, 3, págs. 417-448.
Coelho, E. (1992): "Cooperative Learning:
Fundation for a Communicative Curriculum", en C. Kessler (ed.):
Cooperative Language Learning. Prentice Hall Regents,
Englewood Cliffs, NJ, págs. 31-50.
Coelho, E., Winer, L., Olsen J. W. (1989):
All Sides of the Issue: Activities for
Cooperative Groups.
Prentice Hall Regents, Englewood Clifs, New Jersey.
Colectivo Amani (1994):
Educación intercultural. Análisis y resolución de conflictos.
Editorial Popular, Madrid.
Comoglio, M. (1999):
Cooperative Learning. Strategie di sperimentazione.
Edizioni Gruppo Abele, Turín.
Contessa, G. (1999):
Psicologia di gruppo. Modelli e itinerari per la formazione.
Editrice La Scuola, Brescia.
Crandall, J. (2000): "El aprendizaje cooperativo
de idiomas y los factores afectivos", en Arnold, J. (ed.):
La
dimensión afectiva en el aprendizaje de idiomas.
(Ed. or. 1999), Cambridge University Press, Madrid, págs. 243-261.
DeBolt, V. (1994):
Write! Cooperative Learning & the Writing Process,
Kagan Cooperative Learning, San Juan Capistrano, California.
Dörnyei, Z. (1997): "Psychological Processes in
Cooperative Language Learning: Group Dynamics and Motivation", en
Modern Language Journal,
81, págs. 482-493.
Dörnyei, Z., Malderez, A. (1997): "Group Dynamics
and Foreign Language Teaching", en
System,
25, págs. 65-81.
Dörnyei, Z., Malderez, A. (2000): "El papel de la
dinámica de grupos en el aprendizaje y la enseñanza de lenguas extranjeras",
en Arnold, J. (ed.):
La dimensión afectiva en el aprendizaje
de idiomas.
(Ed. or. 1999), Cambridge University Press, Madrid, págs. 173-187.
Edge, J., (1992), "Co-operative Development",
ELT Journal,
46, 1, pp. 62-70.
Ehrman, M., Dörnyei, Z. (1998):
Interpersonal
Dynamics in Second Language Education: The Visible and Invisible Classroom.
Thousand Oaks, California.
Ellis, R. (1990):
Instructed Second Language Acquisition.
Blackwell, Oxford.
Fathman, A. K., Kessler, C. (1993): "Cooperative
Language Learning in School Contexts", en
Annual Review of Applied Linguistics,
13, págs. 127-140.
Forsyth, D. R. (1990):
Group Dynamics.
Brooks/Cole Publishing Company, Pacific Grove, California.
Fritzen, S. J. (1988):
70
ejercicios prácticos de dinámica de grupo.
Sal Terrae, Santander.
Garton, A. F. (1994):
Interacción social y desarrollo del lenguaje y la cognición.
Paidós, Barcelona.
Ghaith, G. (2002): "Using Cooperative Learning to
Facilitate Alternative Assessment", en
English Teaching Forum,
July, págs. 26-31.
Ghaith, G. M., Yaghi, H. M. (1998): "Effects of
Cooperative Learning in the Acquisition of the Second Language Rules and
Mechanics", en
System,
26, 2, págs. 223-234.
Gisbert, M., Adell, J., Anaya, L.,
Rallo, R. (s.f.): "Entornos de formación presencial virtual a distancia"
disponible en
http://www.rediris.es/rediris/boletin/40/enfoque1.html.
Hadfield, J. (1992):
Classroom Dynamics.
Oxford University Press, Oxford.
Haitink, A., Slagter, J. P.
(1996): "Cooperative learning in teacher training", versión en inglés de
"Teamleren in de opleiding", en Kaldeway, J., Haenen, J., Wil S., Wsthoff, G.
(eds.): Leren leren in didactisch perspectief. Wolters-Noordhoff,
Groningen. Publicado también en Faber P., Gewehr W.; Jiménez Raya M.; Peck
A.J. (eds) (1999): English Teacher Education in Europe. New Trends and
Developments. Peter Lang, Frankfurt / Berlin / Bern / New York / Paris,
págs. 69-88.
High, J. (1993): Second
Language Learning through Cooperative Learning. Kagan Cooperative
Learning, San Juan Capistrano.
Hirst, L. A.,
Slavik, C. (1990): "Cooperative Approaches to Language Learning", en Reyhner,
J. (ed.): Effective Language Education Practices and Native Language
Survival. Native American Language Issues. Choctaw, OK, págs. 133-142,
disponible en
http://jan.ucc.nau.edu/~jar/NALI10.html.
Jacobs, G. M, Gan, S. L.,
Ball, J. (1995): Learning Cooperative Learning via Cooperative Learning: A
Sourcebook of Lessons Plans for Teacher Education on Cooperative Learning.
SEAMEO Regional Language Centre, Singapur.
Jacobs, G. M. (1988):
"Co-operative Goal Structure: A Way to Improve Group Activities", en ELT
Journal, 42, 2, págs. 97-101.
Jacobs, G. M. (1997): "Four
or more eyes are better than two: using cooperative learning to maximize the
success of group activities in reading", ponencia presentada en Singapore
Symposium on Reading for Success, disponible en
http://www.geocities.com/Athens/Thebes/1650/Reading_and_CL.htm.
Jacobs, G. M., Gilbert, C.
C., Lopriore, L., Goldstein, S., Thiragarajali, R. (1997): "Cooperative
Learning and Second Language Teaching: FAQs", en Perspectives/TESOL-Italy,
23, 2, págs. 55-60, disponible en
http://www.georgejacobs.net/CL_&_L2_FAQs.htm.
Jacobs, G. M., Kline Liu, K.
(1996): "Integrating Language Functions and Collaborative Skills in the Second
Language Classroom", en TESL Reporter, 29, págs. 21-33, disponible en
http://www.geocities.com/Athens/Thebes/1650/Kleine-Liu.htm.
Jacobs, G. M., Small, J.
(2003): "Combining Dictogloss and Cooperative Learning to Promote Language
Learning", en The Reading Matrix, 3, 1, April, disponible en
http://www.readingmatrix.com/articles/jacobs_small
Johnson D. W., Johnson R. T. (1989:
Cooperation and Competition: Theory and Research.
Interaction Book Company, Edina.
Johnson, D. W., Johnson, R. T., Holubec, E.
(2000):
El aprendizaje cooperativo en el aula.
(Ed. or. 1994), Paidós, Barcelona.
Johnson, D. W., Johnson, R.
(1995): Teaching Students to Be Peacemakers. Interaction Book Company,
Edina, MN.
Jordan, D. W. (1997):
"Social Skills Through Cooperative Learning", en Educational Research,
39, 1, págs. 177-186.
Kagan, S. (1994):
Cooperative Learning.
Kagan Cooperative Learning,
San Juan Capistrano.
Kessler, C. (ed.) (1992):
Cooperative Language Learning. Prentice Hall, Englewood Cliffs, NJ.
Krashen, S. (1985): The
Input Hypotesis.
Longman, Nueva York.
Landone, E. (2001a):
"Aprendizaje Cooperativo en la clase de E/LE", en Cuadernos Cervantes,
VII; núm. 32, págs. 70-79 (parte I) y núm. 33, págs. 60-63 (parte II). Versión
digital en Quaderns Digitals,
n. 29
(>Hemeroteca > Quaderns Digitals > Quaderns 29).
Landone, E. (2001b):
"Introducción al Aprendizaje Cooperativo", Tertulia de enseñanza, Biblioteca
Virtual Miguel de Cervantes,
http://www.cervantesvirtual.com/tertulia/tematicas/landone.shtml
Landone, E. (2001c):
Scrivere in spagnolo in una classe virtual. Cuem, Milán.
Larsen-Freeman, D., Long, M.
H. (1994): Introducción al estudio de la adquisición de segundas lenguas.
(ed. or. 1991), Gredos, Madrid.
Long, M. H., Porter, P. A. (1985): "Group Work,
Interlanguage Talk, and Second Language Acquisition" en
TESOL Quartely,
19, 2, págs. 207-223.
Long, M. (1983): "Native
Speaker/non–native Speaker Conversation and the Negotiation of Meaning", en
Applied Linguistics, 4, págs. 126-141.
Matte Bon, F. (1998):
Gramática comunicativa del español. Edelsa, Madrid.
Moskowitz, G. (1978):
Caring and Sharing in the Foreign Language Classroom. Newbury House,
Massachusetts.
Moskowitz, G. (2000): "La
mejora del desarrollo personal: trabajando con actividades humanísticas", en
Arnold, J. (ed.): La dimensión afectiva en el aprendizaje de idiomas.
(Ed. or. 1999), Cambridge University Press, Madrid, págs. 197-212.
Mucchielli, R. (1994):
La dinamica di gruppo.
Elle Di Ci, Turín.
Mydlarski, D. (1998): "Shall
We Dance?: Applying the Cooperative Learning Model to CALL", en The
Canadian Modern Language Review, 55, 1, págs. 124-138.
Nunan, D. (1992):
Collaborative Language Learning and Teaching. Cambridge University Press,
Cambridge.
Ovejero Bernal, A. (1990):
El aprendizaje cooperativo: Una alternativa a la enseñanza tradicional.
P.P.U., Barcelona.
Ovejero Bernal, A., De la
Villa Moral Jiménez, M., Pastor Martín, J. (2002): "Aprendizaje cooperativo:
un eficaz instrumento de trabajo en las escuelas multiculturales y
multiétnicas del siglo XXI", en Revista Electrónica Iberoamericana de
Psicología Social (R.E.I.P.S.), Facultad de Psicología, Universidad de
Oviedo, 1, 2, octubre, disponible en
http://www.psico.uniovi.es/REIPS/v1n1/art7.html
Pallarés, M. (1990):
Técnicas de grupo para
educadores.
ICCE, Madrid.
Pica, T. (1994): "Research on Negotiation: What
Does it Reveal About Second-language Learning Conditions, Processes, and
Outcomes?", en
Language Learning,
44, 3, págs. 493-527.
Putnam, J. A. (1997):
Cooperative Learning in Diverse Classroom.
Merrill / Prentice Hall, Upper Saddle River, New Jersey.
Rinvolucri, M. (2000): "El ejercicio
humanístico", en Arnold, J. (ed.):
La dimensión afectiva en el aprendizaje de
idiomas.
(Ed. or. 1999) Cambridge University Press,
Madrid, págs. 213-228.
Rué, J. (1991):
El
treball cooperatiu. L’organització social de l’ensenyament i l’aprenentatge.
Barcanova,
Barcelona.
Sharan, S., Sharan, Y. (1992):
Expanding cooperative learning through group investigation.
Teachers College Press, Colchester, Vermont.
Sharwood-Smith, M. (1993):
"Input Enhancement in Instructed SLA: Theoretical Bases", en Studies in
Second Language Acquisition, 15, 2, págs. 165-179.
Slagter, P. (2001):
Learning by instructing. Studies in instructed foreign language teaching.
Edition Rodopi B. V., Amsterdam-Atlanta, GA.
Slavin, R. (1990):
Cooperative Learning: Theory, Research, and Practice.
Prentice Hall, Englewood Cliffs, NJ.
Slavin, R. (1995): "Research
on Cooperative Learning and Achievement: What We Know, What We Need to Know",
adaptación de Slavin (1990) disponible en
http://www.successforall.net/resource/research/cooplearn.htm.
Sloan, S. (1992): The
Complete ESL/EFL Cooperative Communicative Activity Book: Learner Directed
Activities for the Classroom. National Textbook Co., Lincolnwood,
Illinois.
Sticchi-Damiani, M. (1981):
"Group Work: From Practice to Theory", en ELT Journal, 35, 3, págs.
243-249.
Swain, M. (1993): "The
Output Hypothesis: Just Speaking and Writing Aren’t Enough", en The
Canadian Modern Language Review, 50, págs. 158-164.
Trujillo Sáez, F. (2002):
"Aprendizaje cooperativo para la enseñanza de la lengua", en Publicaciones
de la Facultad de Educación y Humanidades Campus de Melilla, 32, págs.
147-162.
Ward, C. S., Jacobs, G., M.
(1999): "Analysing Student-student Interaction from Cooperative Learning and
Systemic Functional Perspectives", Paper presented at the International
Systemic Functional Linguistics Congress, Singapur, disponible en
http://www.geocities.com/Athens/Thebes/1650/SystemicFunctional.htm.
Williams, M., Burden, R. L.
(1999): Psicología para profesores de idiomas. Enfoque del constructivismo
social. (Ed. or. 1997), Cambridge University Press, Madrid.
S. R. Hiltz y M. Turoff, "Video Plus Virtual
Classroom for Distance Education: Experience with Graduate Courses", Invited
Paper for Conference on Distance Education in DoD. National Defense
University, February 11th and 12th, 1993.
Citados por Gisbert Cervera et al. (s. f.: s.
p.).
El Marco de referencia
europeo
(Estrasburgo, 2002) atribuye cierta relevancia a estas destrezas: en el
párrafo 2.1. se afirma que La segunda cumbre se propuso como objetivo
educativo prioritario la preparación para la ciudadanía democrática,
otorgando así mayor importancia a otro objetivo que se ha tenido en cuenta
en proyectos recientes; a saber: propiciar métodos de enseñanza de lenguas
modernas que fortalezcan la independencia de pensamiento, de juicio y de
acción, combinados con las destrezas sociales y la responsabilidad social
(párrafo. 2.1). Además, en este documento se definen las destrezas
como la "capacidad de desarrollar procedimientos" (2.1.1.). Estas
destrezas incluyen las destrezas sociales, o sea
la capacidad de actuar de acuerdo con los tipos
de convenciones presentados en
5.1.1.2.
y de comportarse de la forma esperada, siempre que los foráneos, y en
especial los extranjeros, lo consideren apropiado."
(párrafo 5.1.2.1.). Si bien en los estudios sobre al aprendizaje cooperativo
se hable a menudo de "destrezas sociales", quizás, en este artículo, sea
preferible referirnos a destrezas de tipo colaborativo o
cooperativo (adjetivos que aquí usamos indistintamente, a pesar de que
existe cierta diferencia de significado) en cuanto que se trata más bien de
destrezas para interrelacionarse dentro de un grupo con el fin de llevar a
cabo una tarea de aprendizaje, y no tanto de habilidades de actuación
correcta en un comunidad sociocultural extranjera.
|