Proprio
/
propio
El análisis contrastivo en la clase de español
MARTA GALIÑANES GALLÉN
Universidad de
Sassari
Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Castilla-La Mancha y
doctora en Lenguas y Literaturas Extranjeras por la Universidad de Sassari
(Italia). Trabaja como ayudante de Lengua española en la Facultad de Letras de
la Universidad de Sassari. En la actualidad investiga la didáctica de la
lengua española, la bibliografía y la presencia del español en Cerdeña
PREMESA
La enseñanza de
las lenguas y las corrientes lingüísticas han estado siempre íntimamente
unidas, ya que éstas últimas han ido planteando desde diferentes perspectivas
el aprendizaje de las primeras, siempre en búsqueda del "método ideal". De
este modo, para los estructuralistas había que determinar cuáles eran las
estructuras de la L2 para ordenarlas, desde las más sencillas hasta las más
complejas. El aprendizaje progresivo de las estructuras gramaticales daría
lugar a la clasificación de los aprendices en grupos o niveles (inicial,
intermedio, superior). Por medio de los ejercicios (de sustitución de
elementos, repetición de frases oídas, o cambios) se repetirían estas
estructuras hasta convertirse en un hábito. La comparación entre la L1 y la L2
serviría para determinar las diferencias entre las estructuras de la lengua de
partida y las de la lengua de llegada, con el objeto de prever dónde
encontraría el alumno dificultades en la adquisición de la lengua extranjera.
Así, tomó pie el análisis contrastivo, que pretendía evitar los errores que
provocaría la L1 en la adquisición de la L2, al reproducir el alumno, de
manera inconsciente, las estructuras de su lengua madre. En teoría, el método
de análisis contrastivo consideraba que podían predecirse los errores –como
vemos, aparece una clara visión negativa del error- y, de este modo,
evitarlos. Pero, en la práctica, sabemos que no está tan claro. Los puntos
débiles del análisis contrastivo hicieron que, sin despreciar la idea en sí,
se replanteara el método: era interesante analizar los errores del alumno,
pero era más útil analizarlos a posteriori, o sea, cuando el alumno los
hubiera cometido. Esta modificación de los planteamientos del análisis
contrastivo dio lugar a un nuevo método, que se conoce como análisis de
errores. Con el análisis de errores, de acuerdo con la visión generativista,
el aprendiz construiría su propia gramática, la interlengua, a caballo entre
la L1 y la L2. La interlengua incluiría reglas de la L1 y de la L2 (en un
principio más de la L1, para predominar, en un segundo momento, las de la L2)
y otras que el aprendiz iría creando sobre la marcha. El profesor "estudiaría"
esa interlengua que se manifiesta en los errores que va cometiendo el alumno,
de manera que el error se convierte en una fuente importantísima de
información sobre el proceso de aprendizaje.
Uno de los
conceptos derivados de la lingüística textual que ha repercutido más
directamente en la enseñanza de las lenguas fue el concepto de competencia
comunicativa. Así, es requisito de cualquier hablante ideal haber adquirido
sistemas de conocimiento y habilidades que permitan conseguir en cualquier
contexto una comunicación. Esto originó una serie de tendencias que podemos
englobar en lo que conocemos como enfoque comunicativo (que se refleja en
contenidos con enfoque nociofuncional, por tareas, por proyectos), donde los
objetivos de la enseñanza se centraron en el uso de la lengua y las
actividades propuestas se dirigieron hacia la interacción en situaciones de la
vida real, enfoque que hoy en día predomina en los manuales para la enseñanza
del español. En resumen, hemos pasado de un periodo en que la gramática era el
objetivo de la enseñanza de las lenguas a otro en el que, prácticamente, ha
sido proscrita.
En realidad,
creo que todos los que nos dedicamos a esto de la enseñanza del español,
tendríamos que aplicar el sentido común y adoptar una postura metodológica
equilibrada, en la que comunicación, gramática explícita y contraste con la L1
no se excluyeran. Cada profesor tendría que plantearse qué español tiene que
enseñar, si se trata de un español con fines específicos ya que, a menudo, el
aprendizaje de una lengua extranjera se limita al dominio de una posibilidad
de interrelación en un ámbito concreto, como consecuencia de una necesidad
profesional (son los linguaggi specialistici del italiano), o si lo que
en realidad es fundamental es prestar una particular atención a la
correspondencia de la L1 y la L2 (intérpretes y traductores); además, tendría
que ver a quién va dirigida su enseñanza, es decir, las características de sus
alumnos, para poder adaptar las distintas metodologías a las características
del grupo. En mi caso, mis alumnos (que son de lengua italiana, nacidos o
residentes en Cerdeña y universitarios, concretamente, de la Facultad de
Lenguas en un primer momento y ahora de la de Letras) pasan por una serie de
fases que describo a continuación: la primera, o por decirlo de manera
goliárdica, la fase de "esto es jauja", en la que predomina la ley del mínimo
esfuerzo y los estudiantes, en gran parte, eligen el español porque consideran
que es una lengua fácil por su similitud al italiano para todos y, en
especial, para ellos (seguramente, todos hemos oído la coletilla e poi, noi,
siamo sardi); una segunda, en la que podemos decir, por seguir con el
refranero, que "no es oro todo lo que reluce", donde el español presenta a los
ojos de nuestros alumnos una imagen bastante borrosa, ya que empiezan a ser
conscientes de las diferencias entre las dos lenguas, pero aún no tienen claro
cuándo coinciden y cuándo no (la frase típica de este periodo es questo
spagnolo è una fregatura), lo que los lleva a una tercera fase o "quien
tropieza, a aprender empieza", en la que los alumnos desconfían un poco de los
métodos comunicativos y prefieren producir frases o enunciados correctos desde
un punto de vista formal, lo que los lleva a pedir constantemente la
explicación de nuevas reglas gramaticales que se convierten en una especie de
vademecum que los sacará del atolladero que, a estas alturas, supone el
español para ellos, cayendo curiosamente, de este modo, en una especie de
automatismo, debido a la generalización de la regla que, como erróneamente
creen, sería válida en todos los contextos. Esto se une al escaso grado de
conocimiento de su propia lengua, es decir, a su escasa competencia gramatical
(conocimiento y dominio de la fonética y ortografía, morfología, sintaxis,
vocabulario y semántica del italiano), por lo que el alumno no asocia las
reglas de la lengua materna a las de la lengua que adquiere, lo que dificulta
el trabajo dentro de las cuatro destrezas y condiciona la recepción de la
información que se le transmite. A manera de ejemplo, basta recordar el gran
número de estudiantes que ante la pregunta de quién es el sujeto en frases del
tipo "me gusta el helado" / "mi piace il gelato" contestan "yo",
o sea, la primera persona singular, y ponen cara de perplejidad (algunos,
incluso, te miran mal) cuando se les hace el análisis gramatical correcto que,
para colmo, es igual en ambas lenguas. Por eso, creo que es en esta fase, con
el fin de evitar falsos automatismos y con el de profundizar el conocimiento
de la gramática no solo de la L2, sino también de la L1, cuando puede ser
interesante la comparación sistemática de determinados elementos morfológicos,
sintácticos o semánticos, en su uso.
PROPRIO / PROPIO
A manera de
ejemplo, comentaré brevemente una serie de frases que ilustran el uso de la
pareja proprio / propio. Si he preferido
comentar esta pareja es, en primer lugar, porque, en mi opinión, la traducción
de objetos (representados por el sustantivo) y de movimientos (representados
por el verbo) suele ser más literal que la de cualidades y modos de la acción,
ya que tanto los adjetivos como los adverbios seccionan el significado a su
manera, de modo que sería ingenuo creer en la existencia de una traducción
isomórfica; en segundo lugar, se trata de una pareja de gran uso, que recibe
escasa o nula atención en las gramáticas y manuales de español para italianos
y que enreda incluso con su grafía.
Podríamos
empezar presentando a los alumnos las siguientes frases:
1. Frutta
propria dell'inverno.
Fruta propia de
invierno.
2. Questo
freddo è proprio del mese di dicembre.
Este frío es
propio del mes de diciembre.
3. Vive
in casa propria.
Vive en casa
propia.
4. L'ho
visto coi miei propri occhi.
Lo vi con
mis propios ojos.
5. Non si
può venire meno ai propri impegni.
No se puede
faltar a los propios compromisos.
6. Egli
ama la propria famiglia.
Él ama a su
(propia) familia.
7. Essi
pensano alla propria felicità.
Ellos
piensan en su (propia) felicidad.
En las dos
primeras parejas la traducción no presenta ningún tipo de problema. En ambas
lenguas, propio, en este caso, aparece con el
valor de característico, típico, peculiar de una persona, de una cosa, o
grupo. Así, el frío es un elemento que forma parte del mes de diciembre, al
igual que las naranjas, por ejemplo, son una fruta típica del invierno.
Tampoco tendrían que crear grandes problemas las parejas 3, 4, 5, 6 y 7 en las
que, en teoría, propio tendría en todas el
mismo valor de posesión. Digo en teoría porque, en realidad, aquí ya
encontramos diferencias entre las dos lenguas. En italiano
proprio se usa a veces como refuerzo
expresivo de otro posesivo (frase 4), pero normalmente sustituye los posesivos
suo-loro en las expresiones impersonales (frase 5) y cuando hay una
reciprocidad entre sujeto y posesivo (frases 6 y 7). Por su parte, en español,
propio se usa mucho como refuerzo expresivo
(frase 4) y en las expresiones impersonales (frase 5), pero en los casos de
reciprocidad prefiere normalmente o la estructura posesivo + propio o el
posesivo a secas (frases 6 y 7).
Posteriormente,
podríamos invitar al alumno a la reflexión con frases como éstas:
1.
El
propio autor participó en la presentación del libro.
2.
Ese
esmalte de uñas no es propio de tu edad.
3.
Tu
color propio me gusta más.
4.
Las
frutas de cera eran tan propias que daba ganas de comérselas.
Seguramente,
con estas frases, el alumno tendrá que estar más atento, aunque, sin duda,
después de haber interpretado el sentido de cada una, será capaz de elegir en
cada caso el adjetivo que más convenga en italiano. De este modo, en la frase
número 1, donde en español propio equivale a
‘mismo', preferirá traducirlo con stesso; en la número 2 recurrirá a
formas como adatto, opportuno, adeguato, appropriato, (Quello smalto
d'unghie non è adatto per la tua età); en la número 3 se hablará de
colore naturale en oposición a artificiale; y las frutas de cera
serán così reali che ci verrà voglia di mangiarle.
Mayores
problemas encontrará a la hora de traducir estas frases:
1. Oggi
sono proprio stanco.
2.
Pensavo proprio a te.
3. Sono
venuta proprio per parlarti.
4. Non mi
interessa proprio niente.
5. Non ne
sapevo proprio niente.
6. Non è
mai puntuale. Proprio!
7. Usa un
linguaggio proprio.
8. Hai
fatto una vera e propria sciocchezza.
En el primer
caso, muy frecuente en italiano, proprio
funciona como si fuera el adverbio "muy" u otras expresiones verbales como
"realmente" (Hoy estoy realmente / muy cansado); en la frase número 2
con proprio subrayo que se trata
‘precisamente / justo' de esa persona y no de otra, pongo énfasis en la
identidad (Estaba pensando justo/precisamente/justamente en ti); con "sono
venuta proprio per parlarti" el hablante da a entender que no se encuentra
allí por casualidad, sino que es algo que hace ‘a posta', ‘expresamente' (He
venido expresamente para hablarte); en las número 4 y 5 actúa como
refuerzo en frases negativas y su traducción, según el contexto nos llevará a
elegir entre formas de claro rechazo (No me interesa en absoluto / para
nada / de ningún modo) o de mero refuerzo (No sabía absolutamente nada).
También podemos encontrar proprio como
respuesta afirmativa para reforzar lo que ha sido dicho (6); en estos casos el
español puede recurrir a una infinidad de frases, basten como ejemplo "Claro",
" No, señor", "Sí hija, sí", etc.; proprio
en la frase 7, indica cualidad y en este caso el español traduce con
"apropiado", "preciso", "adecuado". La última frase ofrece dos posibilidades
en español: o traducimos solo el primer adjetivo (Has hecho una verdadera
tontería) o, lo que es mejor, sustituimos los dos por "auténtico" en
cuanto es un adjetivo que encierra en su significado la veracidad, la
identificación y el refuerzo que en la frase original expresan vera y
propria (Has hecho una auténtica tontería).
Pasando a la
categoría adverbial, la pareja propriamente /
propiamente puede también crear confusiones en la traducción:
1. E' un
medicamento propriamente indicato per il mal di testa.
2.
Un
tocado no es propiamente un sombrero.
En este caso,
propriamente se consideraría como equivalente
de ‘específicamente', ‘particularmente" y es una posibilidad que todos los
diccionarios italianos recogen sin indicar que sea un uso perteneciente al
habla dialectal, posibilidad que el español no da (Es un medicamento
específicamente / particularmente indicado para el dolor de cabeza); por
su parte, propiamente en esta frase
presenta en español el significado de ‘exactamente', ‘precisamente'que no
podría reflejar el italiano propriamente (Un'acconciatura
non è esattamente / precisamente / proprio un cappello), pero sí la forma
proprio.
Hasta aquí los
ejemplos. La comparación entre la pareja proprio /
propio podría continuar, pero por el momento creo que basta para
ejemplificar la utilidad que podría tener este tipo de reflexión en la clase
de español.
BIBLIOGRAFÍA
Bibliografía crítica
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